Hoy llegué a casa de mi madre y ya venía con la idea que algo distinto ocurriría. ¿Percepción? Da lo mismo, el tema es que el corazón palpitaba distinto, más rápido...
Abrí la puerta y me encontré con mi madre que bajaba las escaleras. Apenas la miré noté que retenía algo, su cara estaba extraña. "Baja", le dije con los brazos abiertos. Mientras lo hacía lentamente me iba preguntando cómo estaba, explicando que el almuerzo ya estaba listo y otras cosas. Hasta que llegó frente a mí. Estiré los brazos y la abracé.
Al principio me rechazó, pero la tomé más fuerte y la besé en la mejilla. Sin decir palabra puso su cabecita en el hombro y se puso a llorar. Y lloró y lloró, unos cinco minutos sin parar y sin decir nada, solo recibiendo desprotegida mis cariños y besos.
Tan fuerte fue el momento que hasta a mí se me arrancaron unas lágrimas.
Cuando la pena (o quizá angustia) pasó, nos separamos levemente y pude intercambiar algunas palabras...
-- Te quero madre.
-- Yo también.
-- No tengas pena, no hay nada que no podamos solucionar juntos.
-- Si sé... pero tengo pena y no sé por qué.
-- Te quero madre.
-- Yo también.
Almorzamos de manera normal, saqué al perro y me fui a la pega tras un dulce beso. Ya en el metro la llamé...
-- ¿Aló?
-- Soy yo... era para decirte que te quiero.
-- Gracias (un suspiro). Yo también.
-- Fuerza, que ya vas a estar bien.
-- Gracias.
Cortamos.
La situación vivida me recordó que tengo la gran fortuna de poder hacerme cargo de mi madre, ayudarla con sus cosas y acompañarla para que no se sienta sola... la soledad es el peor enemigo de la vejez. Sentí que ella está orgullosa de mí y eso me llena el alma.
Hoy le devolví la mano... recordé de las tantas veces en que sus brazos rodearon mi cuerpo cuando tenía pena, haciendome sentir protegido y amado. Hoy, por un instante, pude llenar sus necesidades de cariño y comprensión.
08 septiembre 2006
22 agosto 2006
La internacionalización del Parque
Por Providencia y entre las calles Antonio Varas y Carlos Antúnez, justo atrás de donde lucen una plaza llamada Juan XXIII, una Iglesia y dos torres de veintitantos pisos, hay un parque. Pero no uno cualquiera, sino El Parque.
¿Vamos al parque? ¿Nos juntamos en el parque? ¡Voy a estar en el parque! Estas eran frases típicas entre los 14 y los 17 años, especialmente en vacaciones, donde "la cancha" y "el gimnasio" eran los lugares complementarios a los verdes pastos por donde pasábamos con mis amigos tardes enteras. Y noches enteras. Y todos los días del mes.
Las caras eran siempre las mismas. Una patota de veinte, entre hombres y mujeres, nos juntábamos a mil cosas diferentes: Tocar guitarra, jugar a la pelota, preparar una fiesta en el departamento de alguno de nosotros, sentarse, tomar vino en caja, pololear, pelear a combos y todo lo que se hace a esa edad.
Era un grupo cerrado, todos nos conocíamos, pero cuando alguien se integraba lo hacía para siempre. Fue así como llegaron tres personajes que hasta el día de hoy recuerdo con agrado. El primero era "el gringo". Christopher, se llama (estuvo por Santiago hace exactamente siete meses y sigue igual), un norteamericano típico (rubio, arrasaba con las minas, medio gil) que no tuvo problemas en integrarse junto a su hermana, Lisa, al grupo del Parque. ¡Qué huevón más simpático! A pesar de verlo hace poco, siempre me acuerdo que un día nos despedimos como siempre a eso de la medianoche y 24 horas después estaba en un avión a Seattle, del que no volvería hasta en más de 15 años.
El segundo personaje estoy seguro que debe ser el más olvidado por todos los amigotes que lo conocimos. "El Español". ¿Joaquín se llamaba? No estoy seguro, pero puede ser, pues no sé si existe un nombre más español que ese: Joaquín. Bueno, como sea, el tipo tuvo una integración más dificultosa, pues estábamos más grandes y el era más pequeño. Lo hicimos fumar, tomar y pelear hasta que el tipo se aburrió y un buen día desapareció para siempre jamás. ¿Por qué me acuerdo de él? Un día me dijo que se quería quedar en Chile, pero eso era imposible pues su papá era de España y su madre volvería a estar con él tras seis meses de separación. Y me dio pena no poder ayudarlo a cumplir su deseo. De alguna forma no verbal me expresó que no quería... NO QUERÍA volver a España... Nunca supe por qué, pero se fue y nada hice al respecto.
La última persona es una mujer, una niña que se robó el corazón de todos, el mío, el de mi mejor amigo de entonces, el de mi enemigo público declarado, de todos... Pamela venía de Ecuador con su hermano y su mamá por un tiempo indefinido. Tan indefinido que sigue acá en chilito. Nos contactamos hace 16 meses por una ex polola que se la encontró y nos juntamos a conversar y recordar viejas historias de ese Parque que abrió este posteo.
Si bien todos los amigotes la conocimos al mismo tiempo, tuve la suerte de compartir más con ella gracias a mi lado Nerd. Jajajaja, es una estupidez esto que voy a contar, pero... Ocurre que Pamela venía con pésima base en matemáticas y yo, era el perfecto imbécil que sacaba la suma de 18958762,2 más 1599563,7 en tres segundos y sin calculadora. Entonces la madre me ofreció hacerle clases por un billetito. ¡La suerte! Me iba con platita y podía estar solo con ella unos 60 minutos. Ni idea si le enseñaba o si aprendía matemáticas la niña... lo importante es que estaba con ella, tomaba tecito, tanteaba terreno... ¡Qué boludo, Dios mío! Pero a pesar de todo, en algún momento le gusté y no se atrevió a decírmelo.
Esa es Pamela. Sigue igual pero diferente. Si la veo en la calle la hubiese reconocido a kilómetros, a pesar de que muchas cosas de ella ya no están. No viene al caso explicar cuáles, pues seguro son las cosas que con ojos de "pendejo" me hacían estar enamorado de ella. ¿Mejor o peor? No viene al caso comentarlas tampoco, a ella ya se lo dije personalmente. Lo importante es que aún es pronto para habla de mi "amiga" y mucho menos de algo más. Sólo se que estoy conociendo a una persona que se parece mucho a la Pame tímida, tierna, Wally (talla entre ambos), despistada del Parque. Una mujer con mil vivencias y otras mil por vivir. Al menos me he preocupado de cambiar las matemáticas por unas copas de vino y de dejarme sorprender con sus viajes, sus extrañas historias y sus sueños independentistas.
¿Vamos al parque? ¿Nos juntamos en el parque? ¡Voy a estar en el parque! Estas eran frases típicas entre los 14 y los 17 años, especialmente en vacaciones, donde "la cancha" y "el gimnasio" eran los lugares complementarios a los verdes pastos por donde pasábamos con mis amigos tardes enteras. Y noches enteras. Y todos los días del mes.
Las caras eran siempre las mismas. Una patota de veinte, entre hombres y mujeres, nos juntábamos a mil cosas diferentes: Tocar guitarra, jugar a la pelota, preparar una fiesta en el departamento de alguno de nosotros, sentarse, tomar vino en caja, pololear, pelear a combos y todo lo que se hace a esa edad.
Era un grupo cerrado, todos nos conocíamos, pero cuando alguien se integraba lo hacía para siempre. Fue así como llegaron tres personajes que hasta el día de hoy recuerdo con agrado. El primero era "el gringo". Christopher, se llama (estuvo por Santiago hace exactamente siete meses y sigue igual), un norteamericano típico (rubio, arrasaba con las minas, medio gil) que no tuvo problemas en integrarse junto a su hermana, Lisa, al grupo del Parque. ¡Qué huevón más simpático! A pesar de verlo hace poco, siempre me acuerdo que un día nos despedimos como siempre a eso de la medianoche y 24 horas después estaba en un avión a Seattle, del que no volvería hasta en más de 15 años.
El segundo personaje estoy seguro que debe ser el más olvidado por todos los amigotes que lo conocimos. "El Español". ¿Joaquín se llamaba? No estoy seguro, pero puede ser, pues no sé si existe un nombre más español que ese: Joaquín. Bueno, como sea, el tipo tuvo una integración más dificultosa, pues estábamos más grandes y el era más pequeño. Lo hicimos fumar, tomar y pelear hasta que el tipo se aburrió y un buen día desapareció para siempre jamás. ¿Por qué me acuerdo de él? Un día me dijo que se quería quedar en Chile, pero eso era imposible pues su papá era de España y su madre volvería a estar con él tras seis meses de separación. Y me dio pena no poder ayudarlo a cumplir su deseo. De alguna forma no verbal me expresó que no quería... NO QUERÍA volver a España... Nunca supe por qué, pero se fue y nada hice al respecto.
La última persona es una mujer, una niña que se robó el corazón de todos, el mío, el de mi mejor amigo de entonces, el de mi enemigo público declarado, de todos... Pamela venía de Ecuador con su hermano y su mamá por un tiempo indefinido. Tan indefinido que sigue acá en chilito. Nos contactamos hace 16 meses por una ex polola que se la encontró y nos juntamos a conversar y recordar viejas historias de ese Parque que abrió este posteo.
Si bien todos los amigotes la conocimos al mismo tiempo, tuve la suerte de compartir más con ella gracias a mi lado Nerd. Jajajaja, es una estupidez esto que voy a contar, pero... Ocurre que Pamela venía con pésima base en matemáticas y yo, era el perfecto imbécil que sacaba la suma de 18958762,2 más 1599563,7 en tres segundos y sin calculadora. Entonces la madre me ofreció hacerle clases por un billetito. ¡La suerte! Me iba con platita y podía estar solo con ella unos 60 minutos. Ni idea si le enseñaba o si aprendía matemáticas la niña... lo importante es que estaba con ella, tomaba tecito, tanteaba terreno... ¡Qué boludo, Dios mío! Pero a pesar de todo, en algún momento le gusté y no se atrevió a decírmelo.
Esa es Pamela. Sigue igual pero diferente. Si la veo en la calle la hubiese reconocido a kilómetros, a pesar de que muchas cosas de ella ya no están. No viene al caso explicar cuáles, pues seguro son las cosas que con ojos de "pendejo" me hacían estar enamorado de ella. ¿Mejor o peor? No viene al caso comentarlas tampoco, a ella ya se lo dije personalmente. Lo importante es que aún es pronto para habla de mi "amiga" y mucho menos de algo más. Sólo se que estoy conociendo a una persona que se parece mucho a la Pame tímida, tierna, Wally (talla entre ambos), despistada del Parque. Una mujer con mil vivencias y otras mil por vivir. Al menos me he preocupado de cambiar las matemáticas por unas copas de vino y de dejarme sorprender con sus viajes, sus extrañas historias y sus sueños independentistas.
01 agosto 2006
Agite y sirva
Ufff!!!!
Ayer terminé mi último examen de Teatro (tuve que disfrazarme de pájaro tipo Tutu Tutu después de la bomba atómica, VER FOTO) y quedé exhausto. Literalmente reventado. Sumemos: Hace tres semanas estaba tomando exámenes como profe de la UNAB y entregando notas... hace dos semanas levantando un Plan de Contingencia en DiarioPyme para mejorar los resultados comerciales que no han mejorado como esperábamos... y hace una semana estaba a full tratando de pasar los seis ramos de Teatro (lo logré...) del primer semestre.
Ayer lunes fue el último esfuerzo para el ramo de vocal. Actué mal, la historia era mala, la profe era mala, el grupo era malo y hasta el día estaba más helado que la chachu... pero filo. Era el último y con la felicidad de salir de "vacaciones" (un concepto que debo meditar qué significado tiene para mí), le di pa´delante no más.
Con el vuelito estoy escribiendo. Parte el mes de los gatos y tengo que cargar pilas o me voy a echar las ocho vidas en estas cuatro semanas de arduo trabajo por todos lados. Para donde mire hay obligaciones.
Pero filo. ¡FILO!
Tengo el alma más feliz que la cresta. Disfruto los almuerzos con mi vieja o mis cumpas de trabajo, las salidas con la lola, las conversas con los amigos y todo lo que hago. No me queda tiempo para nada porque hago de todo. Lo que quiero y lo que debo hacer, no sólo las obligaciones. Y mientras pueda, démosle.
Me vendría re bien una ayudita divina para ganarme unos pasajes al lugar que sea para descansar un rato, así que me voy a pegar unas rezaditas a ver si resulta... Mientras, fotos de mis agitados y bien servidos últimos días de existencia.
Ayer terminé mi último examen de Teatro (tuve que disfrazarme de pájaro tipo Tutu Tutu después de la bomba atómica, VER FOTO) y quedé exhausto. Literalmente reventado. Sumemos: Hace tres semanas estaba tomando exámenes como profe de la UNAB y entregando notas... hace dos semanas levantando un Plan de Contingencia en DiarioPyme para mejorar los resultados comerciales que no han mejorado como esperábamos... y hace una semana estaba a full tratando de pasar los seis ramos de Teatro (lo logré...) del primer semestre.
Ayer lunes fue el último esfuerzo para el ramo de vocal. Actué mal, la historia era mala, la profe era mala, el grupo era malo y hasta el día estaba más helado que la chachu... pero filo. Era el último y con la felicidad de salir de "vacaciones" (un concepto que debo meditar qué significado tiene para mí), le di pa´delante no más.
Con el vuelito estoy escribiendo. Parte el mes de los gatos y tengo que cargar pilas o me voy a echar las ocho vidas en estas cuatro semanas de arduo trabajo por todos lados. Para donde mire hay obligaciones.
Pero filo. ¡FILO!
Tengo el alma más feliz que la cresta. Disfruto los almuerzos con mi vieja o mis cumpas de trabajo, las salidas con la lola, las conversas con los amigos y todo lo que hago. No me queda tiempo para nada porque hago de todo. Lo que quiero y lo que debo hacer, no sólo las obligaciones. Y mientras pueda, démosle.
Me vendría re bien una ayudita divina para ganarme unos pasajes al lugar que sea para descansar un rato, así que me voy a pegar unas rezaditas a ver si resulta... Mientras, fotos de mis agitados y bien servidos últimos días de existencia.

Uno de los dos cursos de la UNAB, ayudante Guajars incluído...
10 julio 2006
Mejor no lo lea
Tuvieron que pasar varias semanas antes de encontrar esa extraña inspiración que me lleva a poblar este autorreferente blog. Quizá fue el cumplir los treinta y tres lo que me adormeció, quizá el no tener nada que decir o quizá lo vertiginoso del tiempo que respiro por estos días. Da lo mismo. La mufa se rompió.
Mayo fue un caos total. Me parece haber vivido un siglo desde que me cantaron el Feliz Cumpleaños hasta este momento en que me encuentro tranquilo en casa tras ver la final del Mundial de Fútbol Alemania 2006. Mientras los pocos italianos que viven en Chile y los cientos de chilenos que se creen italianos celebran en las calles el triunfo sobre los galos, yo me concentro en tratar de resumir las cosas que me parecieron importantes en este extraño lapso de tiempo.
Debo partir confesando un fuerte ortracismo, ganas de no ver mucha gente ni conversar grandes temas de la vida. Más bien ganas de ser un poco "light" y olvidarme un poco de las reglas que rigen mi comportamiento habitual. ¿Influenciado por el Teatro? No sé, las clases están estancadas pues se vienen los exámenes y con ello el sufrimiento de hacerme tiempo donde no existe para asistir a los ensayos.
No existe mucho disfrute en la última parte del primer semestre como estudiante, pero estoy consciente que debo apegarme a las reglas del juego y tratar de avanzar como sea para llegar a esos ramos que se ven mucho más entretenidos como "dramaturgia", "títeres" o "pedagogía teatral". Quizá sea sólo "actuación" lo que más me motiva, aún cuando hay pocas puestas en escena y mucho movimiento... ¡Cresta que me cuesta el tema corporal! Sufro haciendo esos saltos medios maracos que pide el profesor. Pero me lo estoy tomando como un desafío personal y la oportunidad de hacer las pases con mi cuerpo, aceptarlo y cuidarlo para ponerlo al servicio de las interpretaciones que tengo en mente.
En resumen, Teatro está en stand by, más concentrado en conocer a mis compañeros y ordenar mis atribulados horarios.
La pega es quizá el mayor caos de todo, pero a la vez la fuente de mis mayores alegrías. Me incomoda empezar cada día con cien tareas atrasadas y otras veinte por cumplir, pero me da satisfacción llegar a casa con la sensación de poder con todo. Estoy aprovechando este momento en mi vida que me tiene solo en términos amorosos para enamorarme de lo que parece el último tramo para lograr un éxito real y menos relativo con DiarioPyme.
Se ha formado un equipo de trabajo que aún no cuaja del todo pero que tiene "ganas". Me situé como líder de cinco cabezas humanas que en tres semanas más serán seis. Vuelve al diario la Jéssica, la periodista más aperrada que conozco, con un genio de los mil demonios, pero con una capacidad de trabajo que asombra a cualquiera. Me da felicidad saber que ahí tendré un gran apoyo en lo que se refiere a la pega periodística, dejándome más tiempo para dedicárselo al tema creativo y administrativo.
Distinto es el tema de BonMeyer, el emprendimiento que partió como un juego y que hoy concentra mis expectativas a mediano plazo. Estamos creando una página web con un servicio que considero re innovador y que si tenemos un poco de suerte, muy pronto se podría transformar en una fuente de ingresos y éxitos relevante. No supe cómo me comprometí al cien por ciento con Rodrigo y Andrés, así que bien, todo bien.
La familia va viento en popa. Mi madre anda con una salud delicada y un bolsillo bastante pobre, pero he podido dar el apoyo necesario y entregarle la tranquilidad que necesita una mujer de setenta y tantos. El mismo día de mi cumpleaños coincidió con el día de la madre y un partido de fútbol que tuvo el Mauri en San Antonio, así que junto a mi hermano partimos los cuatro a la costa a celebrar todo: el día de mi viejuja, el triunfo de mi sobrino y mis 33.
Ya veníamos de vuelta en el auto con mi hermano cuando me llamó la Claudia para desearme un feliz cumple y darme un regalo que no sé por qué, no me sorprendió: "Tío, vas a ser tío-abuelo". Al otro día la fui a ver al hotel donde trabaja y la abracé fuerte, le llevé unos chocolates y le dije que estaba feliz por la hija que esperaba. "Ojalá sea hombre", me dijo, pero a las dos semanas se confirmó que sería niñita.
Quizá más que sorprenderme, me dejó preocupado el distanciamiento que han tenido con la familia la Cristi y la Clau. Me incomoda pensar que una nueva integrante viene a este mundo con una madre y una abuela que no llaman, que no aparecen para las reuniones familiares (en junio estuvo de cumple el Mauri y la Maca) y que no aceptan invitaciones. Lamentablemente no puedo ocuparme de estos asuntos, pero no por eso se me olvida. Ojalá las cosas cambien antes de que esa hermosa niña se pierda el cariño de quienes la vamos a querer con el alma por seguir el ejemplo de su núcleo familiar.
El amor, ya está dicho, está congelado. He salido harto y he conocido varias minocas, pero todas clasifican sólo para "el rato" y ninguna rompe mi ostracismo en el que sigo inmerso a pesar de estas vagas líneas. Sería mentir decir que me da lo mismo esta situación, como tampoco sería cierto decir que estoy sufriendo. Busco sin desesperar. Tras la última experiencia me quedó claro que no sirvo para estar con alguien para burlar la soledad. Otros pueden, yo no. A mí no me gusta ni me hace bien.
En mi rol de profe hay poco que decir. Esta semana tomo exámenes finales y parece ser que todo saldrá sin problemas. Cumplí, tuve una excelente relación personal y académica con los más de 50 alumnos que conocí en los dos cursos del primer semestre y ya. De todas maneras que el sentirme querido por ellos y por otros que ya están en segundo y tercer año de periodismo ha sido el mayor premio a una labor que ya lleva tres años y que me parece seguirá así al menos un año más.
Al leer esto me aburrí. Perdón mi estimado lector por aburrirlo con este plano texto sin sentido, pero se lo advertí en el título: "Mejor no lo lea". Y es que el objetivo se cumple con el simple hecho de escribir, de parar unos minutos de trabajar y dedicarle un tiempo a esta bitácora web que dormía hace casi dos meses.
Como dijo Nito Mestre antes de cantar la última canción como Sui Géneri: "Calma muchachos, ya vendrán tiempos mejores".
PD: Gracias Cuqui por animarme a escribir!!!
11 mayo 2006
Estoy en cana
El otro día me estaba mirando al espejo y me encontrá una cana, de esas que no "parecen cana", sino una hecha y derecha, que dolía si me la tiraba y que resaltaba entre la mancha castaña que forma mi patilla izquierda. Confieso que asusté, me sorprendí, me preocupé. La dejé olvidada y fui al cepillo de dientes, a la pasta, al vaso con agua y al enjuague bucal. Me llegaron a doler las encías de lo fuerte que me cepillé, quizá botando una incipiente furia por tan triste hallazgo.
¿Me estoy volviendo viejo? No se me olvida una tapa de un libro que me regalaron en el Colegio el día que egresé de 8vo Básico: "La Evolución del Hombre", de un inglés que analizaba la teoría de la evolución con los procesos del envejecimiento. El libro nunca lo leí, pero la tapa siempre se las arreglaba para estar encima de mi escritorio cada vez que hacía tareas. En esa portada aparecía la imagen de un bebé que luego se transformaba en niño, luego en joven, luego en adulto, en adulto mayor, en un viejo y todo terminaba en huesos.
Tal resumen me imapactó y quizá por ello nunca lo olvidé. En ese tiempo me identificaba con el niño que comenzaba a cambiar y su cuerpo tomaba formas más delineadas, más atléticas y más gruesas. Justo al centro de la portada estaba el joven adulto, ese de maletín y corbata que muchas veces aparece frente a mi espejo, el más alto de todos los que estaban en el dibujo. Si se tratase de un gráfico, diría que era el punto más alto y luego comenzaba a decaer.
Me asusto con mis primeras canas pues pueden significar que en la elípsis de la vida estoy comenzando a decaer. Y no me refiero a mi ánimo, a mi deseo sexual, a mis ganas de vivir ni a nada más que a lo físico. A tener canas y a despertar con un estómago levemente más abultado que el que se acostó a dormir.
De puro curioso volví a revisar el sector donde me encontré con esta invitada de piedra, quizá con el secreto deseo de que hubiese desaparecido. Pero ahí estaba y... ¡horror! Más atrás habías tres compinches más asomándose. De pronto caigo en cuenta que la patilla que revisaba era la derecha y no la izquiera inicial. Es decir... ¿Qué? Son varias canas, me invaden, están tomándose mi cabeza!!!
Pero eso no es todo. Miré esa cara que cada mañana sufre mutaciones desde que sale de las sábanas hasta que pasa por la afeitadora, la colonia y los lentes. No encontré arrugas pero las ojeras estaban bastante más marcadas que hace unos años. El pelo parecía recogerse y la frente ganar terreno. La boca más fina y menos dispuesta a sonreír. Los pómulos menos rojos de los que aparecen en la foto de hace unos años atrás. Y los ojos, brillantes pero más analíticos y menos infantiles.
He cambiado, pucha que he cambiado. Mis cercanos me dicen que no represento la edad que tengo, pero eso da lo mismo. Estoy cambiando, estoy más parecido a mi padre y a mi madre. Cuando troto (ya que casi no corro) me canso y transpiro como nunca antes. Hay camisas y zapatillas que me dan pudor usar. Hay un chaleco que me regaló una tía que por años descansó en el clóset y ahora lo traigo puesto.
En tres días más cumplo "la edad de Cristo" y juro que me da lo mismo decirlo. Estoy claro que he vivido cada minuto de eses años y que para el interior hay cosas de niño que resguardo celosamente para no perderlas. Pero físicamente estoy cambiando. Debo aceptar que la portada del libro tiene razón y que comienza el declive. Que los cortes de pelo no calzan de manera tan perfecta con las acciones que hago y las palabras que digo.
Voy a seguir el tema más de cerca. Vamos a conversar más seguido el espejo y yo. A ver si me acostumbro. Quizá me guste. Puede ser que un nuevo Leo es el que despierta todas las mañanas y no me había percatado de ello.
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