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03 febrero 2022

LO QUE ME QUEDA DE CAS EN UN SQC 60

No sabía que el viento te acompañó en mi ausencia, que el mar te protegió y las luces de esa incipiente ciudad acunaron tu sueño. No logré comprender a tiempo que nada era más importante que mi voz en tu oído, que mi cuerpo en tu mente y mi corazón en el tuyo. No dimensioné tu abrazo, tu beso, tu suspiro ni tu necesidad por estar ahí conmigo.

En ese instante en que la arena entra en tus pies tu voz se adueña de mi nostalgia, y esta madrugada añeja se ilumina y se revitaliza con esas confesiones íntimas de aquellos tiempos.

Nunca pude entender eso que me pedías sin dudar. No valoré eso que buscabas incansablemente para regalarme por el simple hecho de saber que era algo que me gustaba. Jamás pude suponer por un segundo que decidirías rechazar aquello que casi con seguridad yo hubiese hecho.

En ese instante en que te alejas de todo para estar conmigo a la distancia yo no me acerqué. No fui al encuentro. Te esperé entonces, después y hasta que un buen día decidiste no ir más. Nunca más.

No sabía. No comprendí. No dimensioné. No entendí. No supuse. No fui. Te negué en vez de decir que si a todo eso que me dabas.

Pero ya está. Al final del día me dio gusto escucharte allá y no acá. Entonces y no ahora. En esa cápsula de tiempo en que yo era todo para ti y tú eras todo para mí sin saberlo, sin comprender, sin dimensionarlo, sin entenderlo, sin suponerlo.

Y por fin pude ir yo a tu encuentro.

08 noviembre 2016

La chica de la jardinera verde

Cuando me busques quiero que me encuentres. 

Aquí estoy. Nunca me fui aún cuando lo intenté. Lo acepto como el pago por mis faltas. Jamás un castigo porque pensar en tí dibuja siempre una sonrisa.

Tus fotos y cartas estan ordenadas y guardadas esperando por su creadora. Y con ellas estoy yo. No quiero intervenir y por eso contengo la tentación de dejarte alguna señal que nos vuelva a conectar. Apenas este críptico mensaje en una botella. 

Nuestra historia siempre fue única, sin forzar nada y así es como debe ser. Tal cual. Tan solo me preparo para esa oportunidad que sé que llegará en algún momento.

Aquí me quedo. En estas líneas, recordando a la chica de la jardinera verde que no supe cuidar y que me encantaría, al menos, volver a mirar a los ojos para sanar y suspirar.

16 noviembre 2008

¡Se casó el Leo Meyer!


¿Se acuerdan hace tres años (¡3 años! cómo vuela el tiempo...) cuando confesé que era un "hombre casado"?
Bueno, esta historia es similar pero con todas las de la Ley...

El 23 de septiembre pasado, misma fecha en que mi viejo hubiese estado de cumpleaños, me casé por el civil con Pamela. Planificamos todo con tres meses de anticipación y a pesar de no tener todas las segurudades que normalmente deben yomar las parejas que deciden casarse, lo hicimos igual, convencidos en que era nuestro momento.

Nada nos apuraba a estar juntos, excepto el deseo de querer estarlo, de comenzar una vida como "marido y mujer" para luego formar familia. A propósito, nuestras familias estuvieron felices con la noticia y recibimos todo el apoyo necesario para llevar a cabo esto, en especial mi madre, que tuvo uno de los días más maravilloso de su vida.

Tras el civil, el viernes 3 de octubre a eso de las 21:00 horas dijimos "acepto" ante Dios y unas cien personas que nos acompañaban, en mi parroquia de siempre, la Divina Providencia. Todavía tengo el momento en que Pamela entra con su vestido de novia, cuando la besé, y cuando la familia y los amigos nos felicitaron.

La fiesta fue en CasaBosque (
www.timeup.cl/leonardoypamela) y hasta allá llegaron los rostros de toda una vida, los viejos cracks, las ídolas y todos los actores de una historia de más de 35 años en cartelera. Comimos, bailamos, reímos, recordamos y celebramos.

Mi felicidad era absoluta. Me sentí querido, protegido y acompañado. Comprobé que para mi círculo más cercano, Pamela ya era una integrante y no una invitada más. Me alegró estar con césar y Tatiana, los padres de mi ahijada Almendra y amigo de mil viajes. Estar con Carlos, ese niño loco que no conoce límites para dar su amistad a los que aprecia.

Me emocionó ver al Pedro y su señora, ese compañero de colegio de kinder que siempre tiene un abrazo cariñoso para entregar, igual como el que tuvo la Marinita - su tía que falleció-, cuando me quedaba en su casa porque mi mamá tenía que trabajar.

La celebración tuvo momentos típicos como el vals, el brindis, las fotos... pero lo que queda es la imagen de todos mis hermanos celebrando el matrimonio del último hermano soltero, junto a sus hijos, como si se tratara de un traspaso generacional de los "Meyer".

Ahí estaba también Flavio y Natalia Cappellani, los mendocinos que ya son parte de la familia, que vinieron con sus padres, Roberto y Norma. Con ellos sentí que un círculo se cerraba... Roberto, que siempre me ha evocado recuerdos de mi padre, fue el padrino de mi matrimonio junto con Miguel Saavedra.

Podría contar mil detalles de ese momento. Me parece injusto dejar tantos nombres de amigos fuera de esta resumida lista, pero igualmente no podría transmitir ni el 1% de todas las emociones vividas. Prefiero mirar al futuro, construir día a día esta promesa de amor eterno manteniendo siempre cerca a mis amigos, mi entorno familiar y a las personas que completan mi vida laboral.

Así fue como ocurrió otro evento más de este "Ciudadano llamado Leo Meyer". Y más que aislarse o decir "misión cumplida", a siete semanas de la boda, confieso que estoy prendido con la vida, con deseos de vivir esta etapa con Pamela tal como lo hacíamos siendo pololos, armando un entorno cálido para la llegada de los hijos.

Se viene el verano y la temperatura aumenta. Los medios no se cansan de hablar de la crisis económica mundial y la gente está asustada. Ganó Obama en Estados Unidos, murió un compañero de Magíster de cáncer y tengo que buescar cómo dejar mi sociedad con Rodrigo Bon con las manos vacías, en silencio y pagando el más alto precio que jamás había pagado por errores no intencionados... pero errores al fin.

En tanto, Pamela se despierta. Prepararemos arroz con carne para almorzar.

23 septiembre 2008

Una nueva etapa comienza

Tras casi 12.500 días de soltería, vivo los últimos minutos antes de transformarme en un "hombre casado". Solo hay sentimientos de paz, amor y la tremenda seguridad de estar con una mujer maravillosa. Definitivamente soy un tipo afortunado que algo muy bueno hizo en su vida pasada... no tengo más explicaciones para tanta dicha. Gracias mamá, amigos, familia y Dios por quererme tanto. Gracias mi amor por todo lo que me das. Gracias universo... gracias absolutas!!!!!!!

23 mayo 2008

La pena del Quijote

Este texto lo escribí para una editorial de http://www.diariopyme.com, pero me quedó tan personal que además lo comparto en este íntimo espacio de Un Ciudadano llamado Leo Meyer:

Nuestro comportamiento como personas en la sociedad no deja de sorprenderme. De manera constante analizo lo que hace el resto, mi propio actuar y lo que veo o leo en los medios de comunicación. Dedico importantes horas a "pensar" a "meditar", sin el objetivo de jactarme de aquello con mis más cercanos, sino por gusto, para mí.

Y he llegado a conclusiones que, debido a que nada es constante ni absoluto, en esta etapa de mi vida (acabo de cumplir 35 años) me parecen certezas.

Generalmente resulta más fácil perder lo ganado que ganar aquello que nunca he tenido y siempre he querido. Parece ser que dilapidar las ganancias es más común que consolidarlas. Nos asombramos cuando alguien hace algo bueno y somos los primeros en destacar los errores del resto. Tenemos tres minutos de tristeza y preocupación por cada uno de alegría. Ya ni en las fotografías nos nace sonreír.

En el plano familiar no reconocemos públicamente el amor por nuestros padres y éstos no se esfuerzan por reconocer directamente a sus hijos cuánto los quieren, con cariños, abrazos, besos y palabras de aliento. En cambio, hay reconocimiento material por parte de los padres a los hijos, de la mano con una serie de exigencias. De vuelta, tenemos hijos que no aprenden con ejemplos a ser demostrativos y que por ello aman u odian los bienes materiales, en vez de mirarlos con más templanza.

De lo anterior, se genera un plano afectivo íntimo, de pareja, que está en decadencia social. Muy pocos se comprometen con quien dicen amar, y cuando lo hacen, las razones más repetidas son "por el hijo que viene en camino", "porque ahora podemos (dicho en términos económicos)" y "porque ya es hora (dicho en términos de la edad o el tiempo que lleva la relación)". Pero casi nadie dice "porque la o lo amo".

Insisto: pienso que el amor no está en crisis, lo que me resulta evidentemente en decadencia es el compromiso, y eso está muy, pero muy mal. Parece que nadie ha explicado que idealmente ser comprometido vaya de la mano con ser fiel, pero no es una obligatoriedad, excepto para la mirada de algunas religiones. Ser comprometido es asumir una responsabilidad sin presiones y dar lo mejor de si para que lo asumido se haga y bien, sin caer en la testarudez.

Si no hay compromiso de pareja ni amor por el seno familiar... ¡qué podemos esperar de las relaciones que ha construido el hombre!Las relaciones comerciales no son naturales como la amistad, el amor y los afectos en general. La relación de un empresario con sus trabajadores es inventada por los hombres. Lo mismo ocurre entre proveedores y clientes, entre socios, entre compañeros de trabajo... en todo sistema laboral, dependiente o independiente, existen un sin fin de relaciones y todas ellas son creadas por el hombre. Incluso en las empresas familiares parece primar más la relación comercial que la sanguínea.

Siguiendo con mi cuestionamiento... ¿Qué podemos esperar de estas relaciones comerciales si las propias del ser humano están mal?

Cada día veo más empleados con la misma riqueza material que tenían hace cinco años, agradeciendo al cielo por mantener su trabajo y engañados por su deseo de supervivencia por tener lo que tienen. Prefieren no tener problemas que aspirar a más. En cambio, veo empresarios que partieron igual que sus empleados y hoy tienen autos, casas, riqueza y una serie de beneficios que sus empleados sólo sueñan.

Y entre empresarios la lucha es aún más encarnizada. El que compra quiere "la guerra mundial por cinco pesos", se siente con el poder de exigir rebajas en los precios sin fijarse en la calidad y además paga prácticamente cuando quiere. Pero como esto es una cadena, no podemos ser tan injustos... tenemos que contentarnos con justificar este comportamiento en base a que a ese empresario también lo tratan igual sus clientes, que a su vez también tratan igual, y así.

Obviamente un cambio cultural en el ámbito económico no se producirá de la noche a la mañana. No soñemos. Acá don Quijote se muere de pena. Pero sí podemos cambiar hoy, ahora, en nuestro entorno. Aprendamos a querer, a querernos y a enseñemos a ser más demostrativos.

Si eso cambia hoy, es muy probable que nuestros hijos y nietos vivan en un mundo mejor. ¿Acaso hay alguien que no quiera eso para ellos? ¿Ni siquiera somos capaces de comprometernos con ellos? Señores, el futuro de la humanidad depende de cada uno de nosotros. No mire para el lado, haga su parte.

07 abril 2008

El fin de una etapa

Cuando tenía 10 años, en casa de mi hermana, me senté en una berma con seis amigos más (entre ellos mi sobrina, Claudia, que entonces tenía 12) y nos pusimos a conversar cómo nos veíamos para el año 2000.

No recuerdo qué dije yo, pero me llamó la atención que todos dijeron que para entonces estarían casados y, la mayoría, al menos con un hijo. Para mi, ese tema no era relevante, ni siquiera me veía pololeando... y sin embargo unas semanas después sería un "niño casado".

Llegó el 2 mil y lo único que acumulaba en mi vida amorosa eran pololas, pero nunca estube cerca de pensar en el matrimonio. El 10% era por miedo y el 90% por no encontrar a nadie con quien quisiera compartir mi vida, mi cama, mis sueños y mi futuro.

Los años venideros no fueron distintos, hasta que llegó Pamela, esa chica chilena-ecuatoriana que había conocido en los noventas en la parque donde pasé mi adolescencia, pero que casi 15 años después era como verla por primera vez. El amor inquieto de entonces ya no estaba. Ahora era otro. Era del alma.

Nos pusimos a pololear casi terminando el 2006, cuando mi empresa pasaba por la crisis más feroz de su existencia y el sueño de estudiar Teatro se esfumaba por falta de motivación. "Todo mal", excepto ella, un rayito tibio de sol entre tanta oscuridad, pero eso bastó para contagiarme de energía y seguridad, hasta salir adelante. Su optimismo no tiene parangón y más tarde descubriría que nada puede borrar el brillo de sus ojos y la sonrisa de su rostro.

El tiempo fue pasando, pero no en vano. Evolucioné como nunca antes en una relación de pareja, aprendí a ser yo y no tuve miedo a que no me aceptara tal cual soy. No apresuré los pasos en nada, no exigí, no levanté castillos en el aire y me dediqué a conocerla, a escucharla y comprenderla.

Ya al mes sentía que ella era importante, probablemente la mujer de mi vida, y desde que cumplimos un año de pololeo me animé a aceptarlo como un hecho y a decírselo sin temor a crear expectativas. Durante el último verano comencé a hablar de matrimonio y ya en marzo le dije que quería casarme con ella.

El viernes 4 de abril conversamos con su familia y les dijimos que lo nuestro "iba en serio" y que nos casaríamos este año. Ayer domingo 6, hicimos lo propio con mi familia que se reunió para celebrar el cumpleaños de mi madre y ya quedó todo sentenciado. Todos están felices, todos saben que lo nuestro es de verdad.

[Antes de escribir este posteo repasé lo existente en mi Blog y me sorprendió cómo uno va evolucionando y lo afortunado que soy en tener esta "memoria pública" que obliga a hacerme cargo de todo lo escrito hacia atrás. Son casi tres años de vida que se plasman en la Web y espero que sean muchos más, pues no tengo nada que ocultar y mucho que decir]

Estimados: me caso con Pamela este año. Sepan todos que estoy feliz y seguro de la decisión, que estoy completamente libre de presiones y muy lejos del enamoramiento que hace ver todo color de rosa. Es justamente esa actitud "aterrizada" la que me permite ver los defectos de ella, los míos y los de ambos, y aún así, estoy plenamente seguro que esta vez si deseo compartir mi vida, mi cama, mis sueños y mi futuro con esta mujer. Con Pamela.

La etapa que comenzó en la berma de aquél pasaje, hoy se cierra.

23 enero 2008

Una joya de libro

Los libros, el acto de leer, es una pasión incontrolable a estas alturas de mi vida. Si pudiera controlar mis espacios de lectura quizá leería más, sería más ordenado y tendría tiempos predestinados para ello. Pero la pasión me hace perder la cordura y empiezo un libro, otro, dejo el primero, retomo uno que dejé hace meses a la mitad, me enamoro de uno nuevo en la librería, encuentro otro perdido y hojeo el que me devuelven...

Trato de ordenar mi lectura y es imposible. En una semana puedo haber empezado la lectura de un libro y haber terminado la de otros diez, o viceversa. Algunos son de ficción, muchos biográficos y los menos son los infaltables libros de gestión que ayudan a saber más acerca de lo que uno hace. Como sea, cada uno es un tesoro en particular y, la suma de ellos, hacen de la lectura una pasión, repito, incontrolable.

Uno de los últimos hallazgos el año 2005 y que sólo hace tres meses comencé a leer, se llama Áristos (palabra griega que podría explicarse como "lo mejor que se puede hacer en una situación determinada), de John Fowles (ver biografía en inglés).

Este señor, británico, tiene la gran gracia de escribir este libro durante la década de los sesenta, pero sólo decidió publicarlo a fines de los ochenta. ¿Por qué? La respuesta es elocuente y la entrega el propio autor en su Prefacio: "Casi todas las personas que leyeron el manuscrito me dijeron que no sería positivo para mi imagen publicarlo, pues ya arrastraba dos novelas que se habías vendido muy bien (El Amante del teniente Francés y El Coleccionista, ambas llevadas al cine con éxito). Pues bien, me aproveché de ese éxito para lanzar este fracaso, actuando en conformidad a lo que en verdad soy".

Es decir, el señor Fowles fue muy inteligente. Si Áristos salía a la luz pública antes de que éste fuese conocido, quizá jamás hubiese llegado a ser editado y publicado. Lo que hizo fue aprovechar el contrato con su editorial y el reconocimiento adquirido, para publicar su verdadero libro, su verdadero mensaje, aún cuando esto significara el reproche de la crítica y la desilusión de sus lectores.

Gran ejemplo y gran estrategia la de este novelista, que transó un tiempo con los best sellers y, una vez posicionado, dijo lo que realmente quería decir.

Me parece que somos muy pocos los que esperamos el momento adecuado para enviar nuestro mensaje. Tal como los científicos y matemáticos, muchas veces comunicamos nuestro pensamiento sin importarnos que éste llegue a la gente y que nos pueda reconocer por aquello que pensamos, pregonamos y sabemos. Solo nos preocupamos de decirlo y ya... "el que quiera que lo entienda"... no nos preocupamos de conocer al interlocutor y hablarle en su idioma primero para que luego pueda entender el nuestro.

En otro posteo prometo ahondar en el maravilloso mundo planteado por Fowles en Áristos y también prometo, con la mayor humildad, proponer mi punto de vista respecto de temas abarcados en el libro, como la muerte, la felicidad, la política y mucho más. Al menos del amor ya hablé.

Pero, tal como hace Fowles, un blog lleno de pensamientos profundos no resulta interesante para mis lectores sin relatos imbéciles acerca de la vida rutinaria y es por eso que siempre verán los matices propios de una personalidad tan light como la de cualquiera.

Un fuerte abrazo y gracias por seguir, ya desde hace dos años, a este Ciudadano llamado Leo Meyer.

30 abril 2007

El amor y la felicidad


Cual caminante, en los senderos de mi vida he recogido MIS verdadades "apodípticas", como suele llamar un amigo a las verdades indiscutibles: Uno no nace sino que se hace, no puedo enjuiciar a mis padres si antes no soy hijo ni entenderlos hasta que sea padre, el dinero de por sí no es bueno ni malo sino que es el uso de éste lo que otorga el calificativo, la luna es más hermosa que el sol pues puedo mirarla, el "mañana" y el "presente" serán alguna vez "ayer", pero el ayer siempre quedará igual. Y por último (descubrimiento reciente que motiva estas letras y justifican un gozo en el alma) es que el amor de pareja consiste, esencialmente, en dar, pero también en aceptar que para seguir amando a ESA PERSONA debo recibir de ESA PERSONA.

Amor, del griego "a-mor", es decir sin muerte, es una acción constante que le es intrínsica a todo ser humano (aunque las vicisitudes de la vida puede en muchas ocasiones abortar este sentimiento para siempre). Con el avance de la humanidad, alguien por ahí dijo "hay que amar sin esperar nada a cambio", afirmación que comparto plenamente pero que encuentro insuficiente. Me parece más exacto afirmar que "hay que comenzar a amar sin esperar nada a cambio hasta que, de manera natural, sienta que ese amor es correspondido".

Si todos amáramos sin esperar JAMÁS nada a cambio... ¿Quién tendría la dicha de sentirse amado gratuitamente? Sería un premio injusto que aquellos que no saben, no aprenden (dicho sea de paso, el arte de amar es un aprendizaje) o perdieron esa capacidad, sean amados sin amar. Por un tiempo si, pero para siempre es imposible, pues perder ese amor que se le entrega, hace al desgraciado que siempre recibe aprender a valorar el amor. Y el paso siguiente es que descubre lo hermoso de dar, es decir, de amar. Hay desgraciados que evitan aprender y para ello buscan distintas cosas que puedan suplir la entrega que ellos necesitan pero que no están dispuestos a dar, como pololas nuevas, drogas, alcohol, dioses, ídolos y todo lo que ayude a evadir la realidad. Si jamás esperásemos nada a cambio por nuestro amor, estaríamos fabricando desgraciados por montones.

Pero como la sabiduría no está en un único lugar sino distribuida en cada ser humano, esto último jamás ocurrirá. Cuando uno descubre que ese amor inicialmente incondicional empieza a requerir lo mismo de vuelta (como la planta necesita el agua, como las preguntas requieren su respuesta y como el destino se alimenta de nuestras acciones), hay dos caminos posibles: O cuantifico mi capacidad de espera para seguir amando sin esperar nada a cambio, o acepto que esa entrega se agotó y necesita recibir para seguir existiendo.

En todo tipo de relaciones que se dan durante la existencia, generalmente esta disyuntiva se soluciona de forma natural con la primera opción. Aceptamos a nuestra familia pues en algún momento de infancia nos entregaron sin esperar nada a cambio (excepto esas risas o pucheros desde la cuna) o bien, cuando seamos viejos nos entregarán (lo que demuestra la constante rotación y traslación de la vida en torno al amor). Y podemos morir entregando sin recibir.
Similar con los amigos, con la diferencia de que éstos son absolutamente descartables y es parte de la relación el esperar algo a cambio de dar una cosa: la amistad (entendida como el pacto sin palabras de apoyo y verdad).

Pero en los temas de pareja, la cosa es diametralmente opuesta. Estar con alguien es una decisión ABSOLUTAMENTE propia. La familia no se elige, los amigos pueden estar ahí siempre aún cuando uno no los considere como tales. Pero la pareja requiere tarde o temprano, que se le valide como tal. No espera recibir para dar, pero como el amor no es de por sí autosuficiente, en algún momento debe alimentarse de la entrega del otro. Una, dos, diez y cien veces puedo escoger por dar sin esperar nada a cambio, aplazando ese deso carnal, sentimental y/o traptactical (palabra inventada por mí para usar como comodín ante lo inexplicable). Pero en algún momento DEBO optar por lo segundo, por aceptar que NECESITO el amor del otro, la entrega del otro. Y no para validar mi amor, sino simplemente para seguir amando.

Si mi amor sincero (ya está dicho, el que no espera inicialmente nada a cambio) no encuentra un símil que reaccione ante esa entrega, se encuentra ante un alma gemela. Y esas almas pueden iniciar una relación, ya que lo más normal es que si todos estamos amando sin esperar inicialmente una reciprocidad, el mundo entero viviría en una paz basada en el "a-mor" de los griegos. Esta es mi explicación para comprender el concepto de vida eterna.

Pero sabemos que el mundo, conformado por las personas que lo habitan, no es así. Que el tradicional ejemplo de la chica que se enamora del desgraciado que no sabe amar es, en esta reflexión, el que un alma que da sin esperar nada a cambio a otro que sólo sabe recibir... y esa chica deberá decidir si dejará de amar cuando naturalmente necesite recibir o si lo hará cuando esa entrega (o su paciencia) se agote. Y por el lado del desgraciado, éste deberá decidir si aprende a dar (es decir a amar) antes de que esa chica deje de hacerlo o si aprenderá cuando ya no esté (enámorandese posteriormente del recuerdo, idealizándola).

Y para cuando la chica ya no esté, ese hombre que para todos menos para el mismo era un desgraciado, se sentirá finalmente desgraciado. Y pululará por la vida buscando a quien amar, a quien entregar lo que nunca entregó. En tanto esa chica que amó justificará el hecho que ahora quiere ser "amada", es decir, quiere sólo recibir pues ya alguna vez entregó de manera incondicional y sólo obtuvo lágrimas (a menos que su chico hubiese aprendido a amar antes de que ella agotara su paciencia). Es decir, ahora tenemos al ex desgraciado convertido en un ser dispuesto a amar y a la chica que estuvo enamorada convertida en una desgraciada.
Esto último me lleva a una segunda verdad: Es necesario ser, al menos una vez en la vida, un desgraciado. Sin golpes, el aprendizaje no existe y sólo es teoría que alimenta las bibliotecas y los veladores de aquellos cobardes que no soportan la idea de que puedan llegar a ser (o ya son) unos desgraciados.

¿Es así la dinámica eterna de la vida? Si baso la felicidad en terminar con la dinámica que explica mi concepto de amor, probablemente caiga en este ir y venir de las almas que buscan amor y no lo encuentran, llegando a mi lecho de muerte convertido en un infeliz (¡Y vaya cuántos infelices mueren rodeados de hijos, amigos...!!!). Pero si baso mi felicidad en ENTENDER que esta dinámica es así desde mucho antes de mis tatarabuelos y seguirá existiendo más allá de mis bisnietos, es muy probable que sea feliz. Y quién sabe, como el desauciado que ya sin fuerzas caminaba bajo el sol del desierto esforzándose por silbar animoso hasta que un día encontró el oasis, quizá yo, un desgradiado redimido, también encuentre mi pareja.