Caminito al costado del mundo
Por ahí he de andar buscándome un rumbo
Ser socio de esta sociedad
Me puede matar
(La Renga)
Caminito al costado del mundo
Por ahí he de andar buscándome un rumbo
Ser socio de esta sociedad
Me puede matar
(La Renga)
Me desvelé pensando en la muerte. No en que yo me moría o en la muerte de alguien más sino en su significado. Soy de los que ama la vida, la veo como un privilegio, un regalo, un premio por algo que hicimos bien en una etapa anterior.
Sip. Creo en un proceso pero desconectado de la mente. No importa tener certeza si fuimos piratas, indios o cromagnones. Me da igual eso de andar averiguando de "vidas pasadas". De hecho creo en una evolución en específico: primero fuimos una planta y resultado de algo bueno que hicimos como dar vida a una flor en un paisaje agreste, nos ganamos la evolución para ser un animal. De ahí me pierdo en el cómo pero terminamos siendo una mascota que se conecta con los humanos.
Yo fui un perro. Si sé que hay hartas películas que podrían estar dañando mi mente, pero aún así siento que fui un perro fiel que cumplí mi propósito y me gané el derecho a regresar a esta Tierra como humano. Y acá estoy, disfrutando de la última etapa a la que se puede aspirar. Y única. No hay más.
Con la muerte como humano se acaba el proceso.
Acá aparece el cristianismo, en específico el tema de un hombre llamado Jesús que muere a manos de sus pares, resucita y luego se despliega su mensaje en torno a que el hombre sufre la muerte de a carne pero hay un espíritu que podría aspirar a una vida eterna en algún lugar hasta que también pueda resucitar.
¿Y quién lo dice? La Biblia. En cuatro evangelios escritos por quienes podrían ser una suerte de biógrafos del paso de Jesús por esta Tierra. Diferencias más y menos, todas las versiones hablan de lo mismo y como en este desvarío me he enfocado en la muerte, haré zoom en ello.
Nada es más difícil que existir y crecer en un hábitat distinto al cual uno fue diseñado por sus padres, quienes al no saber cómo sería ese entorno no tienen culpa alguna de lo que hicieron contigo.
A veces le apuntan y es maravilloso porque te dan las armas que necesitas. A veces no pero hubo alguien por ahí disfrazado de tía, vecino o referente que aportó con esas herramientas que no te parecían tan útiles cuando eres joven y solo con el paso del tiempo se convirtieron en un verdadero salvavida.
Pero a veces se genera un vacío y debes enfrentar un hábitat sin estar preparado para ello. O bien --lo que me resulta un descubrimiento maravilloso, nuevo y que me motivó a escribir estas palabras--, tienes un sobre stock de cosas con las que cargas, que no has necesitado hasta acá y quizás nunca sea necesario utilizar.
Es como el soldado instruido para la guerra en tiempos de paz o como el pensador visionario que vive en tiempos de guerra e inmediatez.
Al principio ese conflicto no será tan claro y se resumirá en fuertes discusiones con quienes insisten en ese hábitat que les tocó y para el cual te preparan sin pensar que no será necesariamente el tuyo, algo que puedes terminar por aceptar si no naciste para ser lider sino para respirar sin cuestionar. De lo contrario, en algún momento ves todo con claridad y se produce un cortocircuito tan grande que las esquirlas duelen.
Tuve el privilegio de recibir una instrucción primaria para la peor de las guerras: para una carnicería no solo física sino psicológica. Sin embargo crecí en un hábitat con pequeños privilegios y en tiempos de paz, por lo que todo aquello no fue necesario usar excepto en el único campo habilitado para eso, el de entrenamiento.
A eso debo sumar una espiritualidad encapsulada y deseosa de crecer, mucho más conectada con la luz, con el amor, con la bondad, por lo que mi naturaleza siempre fue intentar botar las armas y rodearme de intelecto.
Pero nunca fue tan fácil porque nunca tuve la claridad que hoy me permite escribir esto. Sin esa claridad fui tomando decisiones que me llevaron a habitar espacios parecidos a mi lugar de entrenamiento. Pero confundí contextos y me paré como guerrero en espacios de paz y con el corazón abierto en espacios de guerra.
Por ejemplo, en el mundo del emprendimiento donde hay una selva en la que los más fuertes siempre van a primar, he desarrollado un perfil servicial impulsado por mi profesión. Y ser el rival más débil siempre te exige un gran coraje necesario para asegurar tu supervivencia, lo que a la larga desgasta.
Por otra parte en el mundo de las relaciones he priorizado al arquetipo del guerrero en vez de dar libertad absoluta al ser más conectado con los sentimientos. No cerraba los ojos. No me entregaba. Estaba atento al conflicto y ajeno al disfrute. Y así nunca iba a funcionar.
Tengo claro que no se trata de decir "tomé decisiones equivocadas" ni de culpar a otros. Se trata de comprender que sin la claridad del hoy actué desde la confusión del ayer y con ello: perdí oportunidades, causé dolor, me hice daño, viví en conflicto y viví la vida como una eterna cuesta arriba. Ya está. Ya lo hice y nada lo va a cambiar.
Mi profundo bienestar ocurre al darme cuenta de lo fuerte que he sido para sobrevivir a todo esto. Pocos lo hacen sin caer el profundas depresiones o derechamente en la aceptación de esa realidad sombría y limitante con resignación. No. Yo no. Siempre supe que había una luz y que hay que caminar buscándola en todas las direcciones hasta encontrarla. Y no solo superé todo eso sino que me di maña para avanzar, crear, conseguir cosas.
Feliz por los que no les tocó esto y por quienes si les tocó pero lo superaron hace tiempo. No ha sido mi caso así que recién ahora puedo decir que estoy también feliz pero porque tengo el alivio de entender.
Ya podré sanar.
No sabía que el viento te acompañó en mi ausencia, que el mar te protegió y las luces de esa incipiente ciudad acunaron tu sueño. No logré comprender a tiempo que nada era más importante que mi voz en tu oído, que mi cuerpo en tu mente y mi corazón en el tuyo. No dimensioné tu abrazo, tu beso, tu suspiro ni tu necesidad por estar ahí conmigo.
En ese instante en que la arena entra en tus pies tu voz se adueña de mi nostalgia, y esta madrugada añeja se ilumina y se revitaliza con esas confesiones íntimas de aquellos tiempos.
Nunca pude entender eso que me pedías sin dudar. No valoré eso que buscabas incansablemente para regalarme por el simple hecho de saber que era algo que me gustaba. Jamás pude suponer por un segundo que decidirías rechazar aquello que casi con seguridad yo hubiese hecho.
En ese instante en que te alejas de todo para estar conmigo a la distancia yo no me acerqué. No fui al encuentro. Te esperé entonces, después y hasta que un buen día decidiste no ir más. Nunca más.
No sabía. No comprendí. No dimensioné. No entendí. No supuse. No fui. Te negué en vez de decir que si a todo eso que me dabas.
Pero ya está. Al final del día me dio gusto escucharte allá y no acá. Entonces y no ahora. En esa cápsula de tiempo en que yo era todo para ti y tú eras todo para mí sin saberlo, sin comprender, sin dimensionarlo, sin entenderlo, sin suponerlo.
Y por fin pude ir yo a tu encuentro.