03 febrero 2022

LO QUE ME QUEDA DE CAS EN UN SQC 60

No sabía que el viento te acompañó en mi ausencia, que el mar te protegió y las luces de esa incipiente ciudad acunaron tu sueño. No logré comprender a tiempo que nada era más importante que mi voz en tu oído, que mi cuerpo en tu mente y mi corazón en el tuyo. No dimensioné tu abrazo, tu beso, tu suspiro ni tu necesidad por estar ahí conmigo.

En ese instante en que la arena entra en tus pies tu voz se adueña de mi nostalgia, y esta madrugada añeja se ilumina y se revitaliza con esas confesiones íntimas de aquellos tiempos.

Nunca pude entender eso que me pedías sin dudar. No valoré eso que buscabas incansablemente para regalarme por el simple hecho de saber que era algo que me gustaba. Jamás pude suponer por un segundo que decidirías rechazar aquello que casi con seguridad yo hubiese hecho.

En ese instante en que te alejas de todo para estar conmigo a la distancia yo no me acerqué. No fui al encuentro. Te esperé entonces, después y hasta que un buen día decidiste no ir más. Nunca más.

No sabía. No comprendí. No dimensioné. No entendí. No supuse. No fui. Te negué en vez de decir que si a todo eso que me dabas.

Pero ya está. Al final del día me dio gusto escucharte allá y no acá. Entonces y no ahora. En esa cápsula de tiempo en que yo era todo para ti y tú eras todo para mí sin saberlo, sin comprender, sin dimensionarlo, sin entenderlo, sin suponerlo.

Y por fin pude ir yo a tu encuentro.

29 abril 2020

Un tigre y su tormenta


En todo hombre habitan dos tigres
Uno es aquél impulsivo y desconfiado que usa su fiereza para defenderse.
El otro construye sin descanso puentes de reflexión y empatía, dejando como último recurso la defensa propia para sobrevivir.
Ambos convivirán siempre y la tarea de todo hombre es alimentar al que mejor define lo que quiere hacer con su vida.

(Proverbio ZEN)

Afortunadamente hasta hoy ni yo ni ningún ser querido de mi entorno más cercano se ha contagiado de Coronavirus, sin embargo todos los seres humanos en mayor o menor grado hemos sido "infectados" con sus efectos.

Muchos han visto morir a seres queridos sin poder darles una despedida. Otros emprendedores han sufrido el fin de sus sueños a manos del endeudamiento, han tenido que despedir a su equipo y tendrán que enfrentar una dolorosa quiebra.

La gran mayoría de nuestras conversaciones llenas de sonrisas se han opacado, extrañamos los abrazos y nos estamos intentando acostumbrar a reemplazar la piel por la pantalla. El calor de una mirada por la frialdad de la cámara. Los gestos por emoticones.

07 julio 2019

Mirar atrás

Retroceder dos pasos para avanzar tres. Mirar tras los hombros y darte cuenta del avance no basta, no sirve, es una trampa. Si has hecho lo que te gusta ¿cómo negarte a vivirlo o sentirlo de nuevo? Se siente miedo cuando allá en el pasado hay cosas que nunca fueron tus decisiones. Pero si todo está en orden, ¿a qué se le puede temer? A una cosa: darte cuenta que avanzaste pero no en la dirección correcta.
Igualmente es bueno, quizá puedas recuperar el camino correcto, enmendar el rumbo o simplemente intentar un nuevo sendero. Crearlo si es necesario.

22 diciembre 2018

Visión de vida a mis 45 años

La superficie es un límite que todo ser humano debe explorar: el ancho. La profundidad es el yo que debemos vencer: el miedo. Y la altura de nuestros sueños define nuestras acciones: el propósito. Todo eso es la vida misma.

08 noviembre 2016

La chica de la jardinera verde

Cuando me busques quiero que me encuentres. 

Aquí estoy. Nunca me fui aún cuando lo intenté. Lo acepto como el pago por mis faltas. Jamás un castigo porque pensar en tí dibuja siempre una sonrisa.

Tus fotos y cartas estan ordenadas y guardadas esperando por su creadora. Y con ellas estoy yo. No quiero intervenir y por eso contengo la tentación de dejarte alguna señal que nos vuelva a conectar. Apenas este críptico mensaje en una botella. 

Nuestra historia siempre fue única, sin forzar nada y así es como debe ser. Tal cual. Tan solo me preparo para esa oportunidad que sé que llegará en algún momento.

Aquí me quedo. En estas líneas, recordando a la chica de la jardinera verde que no supe cuidar y que me encantaría, al menos, volver a mirar a los ojos para sanar y suspirar.